12 agosto 2006

Mi vida y los planetas. Cuatro. SUPER 8


Esos días se acabaron
estaba equivocado
y las palabras
sólo pueden hacer daño
En 1994 los planetas publicaron su mejor disco, Super 8, a partir de esta fecha y a pesar de hacer grandes canciones en otros discos, todo sería declive. Este disco lo reeditarían un año después con una toma distinta de Desorden y dos canciones nuevas, Nuevas sensaciones y La casa, qué canción tan genial La casa –cuando tocaron en el festimad del 95 la gente les pidió a coro que la tocaran y, aquí viene la verdadera noticia, a pesar de su extraordinaria relación con el público, la tocaron-. En este disco hay canciones enormes como Si está bien, Brigitte, De viaje o Jesús, aunque yo tengo especial debilidad por Desorden, y en especial por esa frase que dice Si hubiera encontrado las palabras, ahora no estaría solo en casa. Lo que nos conquistó fue que las letras hablaban de lo que éramos: pardillos que no sabían hablar o que lo hacían de malos modos, hablaban de las cosas que nos pasaban y de cómo íbamos a ser siempre adolescentes y taciturnos. O, por lo menos, así pensaba yo entonces.

En este disco está su verdadero himno generacional, Qué puedo hacer. Como muchos otros, siempre que voy a granada paso por delante del bar amador por si apareces, pero nunca vas. Todo el mundo dice que este bar ya no es lo que era; como a españa en los mundiales, yo nunca vi el amador en plenitud. Dicen que antes era un bar de tapas que estaba muy bien, con música muy chula, y que luego cambió de dueños y ya pasó a ser otra cosa.

Lo mismo pasó en almería con la tetería germinal, en la rambla alfareros, continuando este catálogo de espacios muertos. La germinal quedaba cerca del paseo versalles y, cuando los cines imperial estaban abiertos, todos los sábados y domingos se llenaba aquello de gente por esa costumbre tan española de ir los novios al cine el fin de semana. Cuando la abrieron Ana y Manolo –a los que poco después se sumaron Jose Ángel y Sole- yo acababa de entrar en la universidad y no pensaba que pudiera haber un sitio más bonito que aquel. Dicen que la tetería karma cuando la llevaban las niñas o la pervane de granada se parecían, pero son otra cosa, no tienen el encanto que para mí tenía la germinal.

Yo estaba siempre allí metido, desde las tres de la tarde que abrían hasta por la noche, jugando al ajedrez, a las cartas, hablando con ellos. Me pedía un café y me iba allí a estudiar o me ponía a leer. Una tarde de invierno se fue la luz en todo el barrio y la tetería se quedó iluminada sólo por las velas de las mesas. Tenía que irme a mi casa y Ana me dio una vela para que pudiera andar por la calle como un espíritu de la santa compaña, porque fuera no se veía nada. Recuerdo el momento de volverme desde el umbral de la puerta, ver las mesas iluminadas por las velas y pensar que ese momento no se repetiría nunca.

10 comentarios:

Juan Manuel Gil dijo...

amigo, la nueva entrega no defrauda.por donde voy recomiendo este folletín sobre los planetas. la gente me mira de aquella menera.

Francisco Ortiz dijo...

En esa tetería le hice una entrevista al músico Juan Manuel Cidrón que apareció en la revista, de Almería, Foco Sur.

Zuriñe Vázquez dijo...

Gracias Sr.curri por tu visita.
Los planetas! que recuerdos y que época. La teterias son un poco como esos cafes de encuentros intelectuales, les han sustituido de alguna forma, introduciendo nuevos componentes, como la musica, el ambiente...además de las charlas y compañía. Yo las hecho de menos por la costa, aunque alguna hay.

beren dijo...

voy a meter cada uno de estos comentarios dentro de la cajita del cd de cada disco. Toda una delicia.
Un abrazo

José Antonio Garrido dijo...

Se echa de menos un lugar así en Almería. Realmente no sé si existió o no -la que tú narras, la otra tetería germinal, la que ocupaba un espacio físico, sé perfectamente que entretuvo el tiempo de los Amezcua-, pero lo merecería.
Aquella tarde de invierno en la que se fue la luz en todo el barrio, yo estaba en el cine. Mientras la gente silbaba, aproveché para meter la mano bajo su falda... Cómo me hubiera gustado, cuando acabó, poder volverme y contemplarlo todo iluminado por velas.

Sigur dijo...

La tetería Germinal siempre estará en nuestros corazones.En ella volvía loco al Sr.curri con nuestras partidas de ajedrez. Que bonitos momentos de paranoia one to one.......
Que te gusto, di que si...

srcurri dijo...

Juanma, muchas gracias por el seguimiento. A ver si te dedico un post.

Yo me acuerdo, Francisco, de escuchar, por esa época, la música de Juan Manuel Cidrón en "Diálogos 3", el programa de Ramón Trecet en radio 3. Me acuerdo de la sorpresa cuando dijeron que era de Almería. Vaya, Foco sur, Cidrón y la germinal, no lo sabía, pero qué conjunción. Un saludo.

Anda, Zuriñe, qué sorpresa, me han gustado un montón tus blogs. Es verdad que las teterías están muy bien, pero a mí es que me quitaron la mía y ya las demás... pues no son igual.

Beren, bueno, no sé qué decir... No estoy acostumbrado a los halagos... A ver qué te parecen los siguientes. Espero no defraudar.

Sí, claro, J.A. Garrido, hablo de esa tetería, de la germinal en su primera época, con sus dueños de verdad, no hay otra. Es verdad que siempre que se va la luz pasan cosas. El famoso apagón de Nueva York hizo que aumentara el índice de natalidad de forma exagerada.

Sigur! Sigur Ros! La germinal, vaya, siempre la tendremos. Me acuerdo yo de la desesperación que me entraba jugando contigo al ajedrez ¡tres horas para mover un peón en la apertura, menudo elemento! Hombre, claro que me gustas ¡no me vas a gustar! Si sales de protagonista en uno de los cuentos de La eterna promesa, matando pajarillos. Jeje.

szilvana dijo...

Germinal fue un tiempo una segunda casa, o incluso la primera. Las tardes se alargaban hasta las 10 de la noche. No hacía falta llamar a nadie para quedar: simplemente llegabas y siempre había alguien o no tardaba en aparecer. Horas y horas jugando con la cera de las velas y escuchando decir: ¡que te vas a mear en la cama! Siempre un Moruno para mí, para Miguel un Pakistaní. Y esos bizcochos.

raúl q dijo...

para mí el mejor disco de los planetas es "una semana en el motor de un autobús", claro que a mí lo atmosférico me gusta (problemas de haber echado los dientes con los discos de sonic youth).

Ikaroh dijo...

Disfrutaba especialmente cuando conseguía sentarme arriba, detrás del ascensor del té. Desde allí hablabas, fumabas y escuchabas a los demás, pero podías ver al mismo tiempo la gente que entraba y salía. Eran personas a las que dedicaba un cariño silencioso. Al fin y al cabo habíamos compartido ese lugar cálido y acogedor. Aunque fuesen unos minutos.

También disfrutaba cuando estaba sólo. Mi libro, mi pakistaní mi Lucky blando y un buen rato por delante.La descubrí en el instituto.
Fue un gran descubrimiento.Casi puedo sentir la cercanía de las velas en la mesa.¡Joder qué nostalgia!

Curri, me gusta mucho tu blog. Un saludo.