26 octubre 2006

Odio a los ociosos

17 octubre 2006

Fuera de hacer el trabajo ingrato, no hay nada más. Ahora comprendo el odio a los ociosos, la rabia que da levantarse temprano y volver tarde y que al día siguiente sea igual y al otro lo mismo. Que el día de descanso haya que utilizarlo para descansar por ganas que tenga uno de irse a mirar a la gente en los bares, a no ser que uno sea joven y le dé igual ocho que ochenta que ochenta mil. Y entonces ya no se preocupe de sentir envidia de los turistas en chándal paseando perdidos y dejando que se mojen sus mapas de la ciudad, ni de los estudiantes que fuman en los parques en horas de clase.

Uno tiene que provocarse. Para ser joven, uno tiene que querer, porque cuando trabajas estás en otras cosas y es más fácil no serlo. Hay que darse algo más, porque si no, esto no es vida, ni da alegría ni nada.

5 comentarios:

Silvina dijo...

Irónico. Porque cuando eres joven tienes que provocarte para ser más adulto. Para levantarte temprano e ir a trabajar, para lavar unos platos, para sentarte a tomar unos vinos hablando de temas que no te interesan pero que sabes que te tienen que empezar a interesar. Cuando creces te das cuenta que da igual y que ahora, como dices, hay que ser joven otras vez. Sacarte los zapatos (sean de cordones o de tacon) desnudar las caras cansadas y llenarlas de sonrisas (a veces bobas) lo que haga falta, tal vez, para contagiarnos de esa juventud de pantalla de televisión.
Pero quizá (y no quizás) haría más falta dejarnos ser. No ser jóvenes ni adultos. Espesos o livianos. Guiarnos por lo que cada mañana nos pide el cuerpo, aún cuando eso sea ir a trabajar y no quedarte en casa viendo una peli con pizza entre las manos...
No sé, digo yo, que de ser aburrida pasé a ser espesa luego superficial hasta que pasé a ser yo misma. ¿Realmente ya pasé a ser yo misma?

jota dijo...

palabras más ciertas nunca fueron dichas.

Este año empiezo a dar clase a las 10 y termino a las 21.30, pero siempre es mejor que trabajar en un zara

Vidicida dijo...

Es otro tipo de vida, la ociosa y contemplativa.

srcurri dijo...

Vaya, Silvina, diste con la clave... Es bueno eso de "De ser aburrida pasé a ser espesa luego superficial hasta que pasé a ser yo misma". Y ahí seguimos, ¿no? Como en aquella canción de los planetas, Un mundo de gente incompleta: "Pero para ser yo mismo, ¿cómo tengo que ser? ¿tendré que usar las manos o puedo usar los pies?"

beren dijo...

Es que lo de ser uno mismo suele ser difícil de ubicar. Yo que sigo trabajando en algo que realmente no me satisface, sigo teniendo que hacer esfuerzos para ser prudente, para no emborracharme y para que el sol no me coja por las calles. Sin embargo lo estoy intentando. Maduraré algún día.