
Ahora
que se celebra el día del libro es un buen momento para recordar a José Ángel Valente. El
poeta, uno de los más grandes del siglo XX en España, vivió en el centro de la
ciudad de Almería y tenemos la suerte de disponer de su casa para que sea un
museo. Este espacio, después de muchos años de espera, parece que en unos
meses, al fin, abrirá sus puertas. Tan larga ha sido la espera que hasta se
creó una plataforma para pedir la apertura de la casa. Del proyecto escogido poco sabemos, pero hay que tener confianza. Porque
sí, porque es mejor tener confianza que no tenerla y porque no nos queda otra. Esperemos
que se respete el esfuerzo del gran proyecto que hizo
Ana Gaviera para la casa y se mantenga el espíritu absolutamente moderno de su Valente itinerante.
Ojalá que sí, porque lo habitual en estas tierras es que, cada vez que a alguien
le encargan un proyecto, quiera hacer tabula rasa y empezar de nuevo, dejar su impronta de
genio e ignorar todo lo anterior, como si lo de antes no valiera ya nada. Estamos
hablando de respeto. Que cuando entremos en la casa del poeta haya un poco de imaginación,
que no haya un vídeo de un viejo explicándole a un niño quién era el poeta y
que la casa no tenga esos terribles paneles con lenguaje político-administrativo
que igual valen para presentar a un músico que a un encofrador y que pudren los
museos cuando hablan de poner en valor,
implementar, ser proactivo, dinamizar y
toda esa jerga que tan poco tiene que ver con los artistas y su obra. Ojalá que
cuando entremos en la casa del poeta reconozcamos a Valente. Ojala que sí.
Publicado el 23 de abril de 2015 en la revista El Marrajo

¿Qué
pensará alguien que venga de China o de Costa de Marfil de nuestra Semana Santa? Tiene que pensar
que somos gente muy rara o imaginarse que alguien le ha puesto a trabajar en el
Ministerio del Tiempo y le ha mandado de misión a otra época.
Pero, sobre todo, le tiene que resultar muy extraño el tremendo contraste que
existe entre sacar de procesión a figuras con gestos de dolor y sufrimiento y
el ambiente de alegría de la gente. Esa fórmula paradójica, irreal y extraña,
en la que conviven los dulces, la música y el buen humor con el recogimiento y
la introspección debe ser la clave de su éxito. Un choque que recuerda a la ilusión
de la gente en la celebración del Día de Muertos en
México y que hace pensar en ese concepto de ostranenie que acuñaron los formalistas rusos para
referirse a representaciones artísticas que extrañan al espectador. Pero,
por raro que pueda parecer a ojos de un foráneo, el caso es que el
espectáculo funciona. Nuestra cultura interesa y hace que venga mucha gente de
otros lugares, aunque muchos turistas se queden con la idea de que el Ku-Kux-Klan ha salido
a pasear por nuestras calles. Life is a mistery.
Publicado el 12 de abril de 2015 en la revista El Marrajo

Ciudades como Londres o Nueva York
tienen entre sus grandes atractivos la mezcla de culturas. Esa riqueza cultural
permite poder encontrar ropa, comida o artículos de lo más variado de cualquier
parte del mundo sin prácticamente tener que salir de un barrio y hace que esas
ciudades estén llenas de vida y atraigan a turistas de todo el mundo. No sé
cuál es el número de nacionalidades que deben convivir en un mismo espacio para
llamar multicultural a una sociedad, pero en la provincia de Almería residen
ciudadanos de 161
países, que no está nada mal. Hace algunos años, en una conferencia, el
profesor de la Universidad de Almería Antonio
Bañón explicaba que la mayor población de hablantes de una de las lenguas
de Mali en todo el
territorio nacional se concentraba en una calle de Roquetas. Ese dato, que
podría ser un motivo de orgullo en otras partes, no parece que nos valga de
mucho por aquí. Es necesario desarrollar zonas deprimidas para generar riqueza
y eso no es rápido. Los proyectos de desarrollo de colectivos en riesgo de
exclusión social tienen un recorrido corto y las actividades para fomentar la
creación entre estos colectivos se limitan, por lo general, a períodos de seis
meses a un año. En esos proyectos suele suceder siempre, más o menos, lo mismo:
se empieza a crear un verdadero interés por una actividad, se desarrolla un
pequeño núcleo de gente que se junta para hacer algo, ese núcleo se hace más
grande y, justo entonces, se acaba el dinero, los que trabajan en el barrio se
tienen que buscar la vida en otro sitio y todo lo que se había creado se va
diluyendo hasta que desaparece. Si siempre pasa lo mismo, quizás se podría
hacer algo para cambiar esa dinámica. Y aunque es verdad que Almería no es
Nueva York ni Londres, sí que tiene lo mismo que hizo grandes a esas ciudades: gente de todas las partes
del mundo.
Publicado el 19 de marzo de 2015 en la revista El Marrajo

El centro de
interpretación Puerta de Almería es un espacio que tiene un horario
complicado. Por lo que sea, sólo abre los miércoles para grupos concertados
y los jueves y sábados por la mañana para el público en general. Y eso ahora, gracias
al empeño de algunos
colectivos que han logrado que el centro abra por lo menos de vez en cuando,
que antes todavía era más difícil poder verlo abierto. Los colectivos, esos
colectivos de gente que alguna vez consiguen algo, merecerían un premio. Sobre
todo por este sur. Con lo que cuesta en Almería juntar a un grupo de gente para hacer
cualquier cosa, sólo por el esfuerzo de crear una plataforma y planear
actividades, ya tendrían que hacerles caso. En los últimos años, algunas solicitudes
populares han llegado a
buen término, aunque, tristemente, lo normal es que los movimientos
vecinales y las plataformas
de ciudadanos no sirvan para mucho y dé la impresión de que, a los
que
tienen la última palabra, les da un poco igual lo que opine la gente.
Ahora ya se ha hecho más sencillo entrar en este espacio, pero no hace
mucho, sin las siete bolas de dragón y el
anillo
único de poder, parecía difícil conseguir franquear los muros de centro de
interpretación Puerta de Almería, así que verlo por dentro es algo que ha hecho
poca gente y visitarlo se ha convertido en toda una experiencia exclusiva. El
centro está en el parque Nicolás Salmerón y yo lo vi una vez. Soy de los
elegidos y la verdad es que el interior impresiona. Merece la pena. No digo
más.
Publicado el 5 de marzo de 2015 en la revista El Marrajo
Hay una expresión que han comenzado a
utilizar muchos políticos para responder a cualquier tipo de crítica por su
trabajo y que atribuyen erróneamente al Quijote. Cuando la cosa se pone fea,
dicen: “Ladran, luego
cabalgamos, amigo Sancho”. Y es que ya se sabe que todo tiene más autoridad
si aparece escrito en el Quijote o si lo ha dicho previamente Winston Churchill. Porque las
palabras dependen de quienes
las digan y no es lo mismo que te insulte un mindundi a que lo haga alguien con clase, dónde
va a parar. Por suerte, El Quijote tiene muchas más frases para poner en
azucarillos y hacer memes y
tiene, también, unas enseñanzas que hacen universal esta obra tan local.
Tan local como la Alpujarra, que ha
comenzado en estos días, por
segunda vez, una campaña para solicitar su distinción como Patrimonio
Mundial por la Unesco en la categoría de paisaje. Desde este rincón le
estamos pidiendo al mundo que reconozca y que conserve para la eternidad esta
comarca que comparten Granada y Almería. Y, para conseguirlo, se ha lanzado el
vídeo promocional “Soy
Alpujarra”, que es uno de esos vídeos turísticos con muchos planos aéreos y
música de película de aventuras, como casi todos los de este género salvo alguna divertida excepción.
Lo bonito del vídeo, claro, es el paisaje y eso se pone de manifiesto. La
Alpujarra tiene un encanto evidente y rotundo y siglos de historia que la
avalan. Como seguro que dijo Calderón
de la Barca: "Es fácil caer rendido a la Alpujarra". Esperemos
que la campaña se haga bien y le concedan la distinción y si no, pues que
ladren, que nosotros cabalgamos.
Publicado el 27 de febrero de 2015 en la revista El Marrajo

El cine en Almería es algo vivo, como el río Andarax que, por muy seco
que parezca, siempre nace con fuerza y, de vez en cuando, desborda. Con
más o menos afluencia, desde los años 50 no ha dejado de fluir ese
hilillo de rodajes en la provincia y, en los últimos tiempos, parece que
estamos viviendo una segunda época de esplendor con superproducciones
como Exodus o Clavius. Gracias al trabajo de muchas empresas, particulares y también de instituciones como la agencia Filming Almería,
nuestro desierto y nuestra luz siguen estando vivos en el cine. Y es
que el cine está aquí en casi todas las cosas, quien más y quien menos
ha salido alguna vez de extra en una película o ha asistido a una sesión
de ese proyecto heroico que es el Cineclub VO35. Quien más, quien menos se ha comido alguna vez un chérigan
y más cinematográfico que eso, poca cosa. Esa presencia total del cine
hace que, a veces, pequemos de peliculeros. Este año va a haber en
Almería, si nada lo impide, nada menos que cinco festivales de cine: Almería en corto, Almería Western Film Festival, International Western Festival, Cinejoven y el recientemente creado Almería Creative Commons Film Festival, sin contar las numerosas muestras de vídeo que hay en la provincia. Igual es demasiado. O no. Veremos.
Algo muy
nuestro, muy almeriense, es ese lamento repetido por la falta de vida cultural
en la provincia. Por educación o por costumbre, hemos repetido ese mantra y
hemos tendido a pensar que todo es mejor en otras partes, que aquí no llega lo
bueno, que cuando llega, llega tarde y llega porque ya no lo quieren ver en otros
sitios. Y a veces es verdad, pero muchas veces no. Porque hacerse, se hacen
cosas. Vaya que si se hacen. Pero falla la difusión. De toda la vida. Y es
verdad que el que quiere enterarse se entera, pero estaría bien que no hubiera
que estar tan atento. Muchos han intentado ordenar esa oferta y lo han hecho
bien como Novapolis, Cultureta,
Weeky u Ondeando. Muchos han tenido la idea feliz pero
nadie ha conseguido todavía el santo grial de la vida cultural almeriense, la
agenda última que todos consulten. Que al poner “Qué hacer en Almería”
en Google salga eso. Para que luego nadie pueda decir que en Almería no se
hacen cosas.
Publicado el 12 de febrero de 2015 en la revistaa El Marrajo
Confío en no caer en el populismo
si digo que, mirándolo por el lado bueno, esta crisis sólo está
teniendo efectos positivos. Todo el mundo está más esbelto, el tiempo
libre se acumula y la gente ha vuelto a juntarse para hacer cosas. Qué
bien. Esta armonía y felicidad en la que vivimos ha propiciado que
surjan colectivos y espacios independientes que proponen otra forma de
entender la cultura, más participativa y social. Y en esa onda de
alegría y buen humor han surgido en la capital de Almería centros de
cultura como La Oficina, La Guajira o Clasijazz
que ofrecen cada semana actividades muy interesantes. Así, también,
flotando en ese ambiente de entusiasmo, ha llegado a Almería esta pasada
semana el Microteatro,
una iniciativa que lleva triunfando un par de años en Madrid y que
consiste en realizar pequeñas piezas teatrales en un espacio pequeño
para pocas personas por poco dinero. Todo poco y todo pequeño. De jueves
a domingo. Alegría, Almería, alegría.
Publicado el 2 de febrero de 2015 en la revista El Marrajo